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Historia de Ohla Barcelona

Historia y arquitectura

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Ohla Barcelona ocupa un edificio histórico situado frente al Palau de la Música, un enclave privilegiado donde la ciudad respira cultura y patrimonio. Antaño residencia señorial y más tarde centro comercial, el edificio ha evolucionado a lo largo de los años siguiendo el pulso cambiante de Barcelona. Su transformación en hotel boutique 5* respetó la memoria arquitectónica del lugar, recuperando elementos originales y dotando al conjunto de una nueva identidad contemporánea.

Hoy, Ohla Barcelona es un punto de encuentro entre pasado y presente: un espacio donde la elegancia histórica dialoga con el diseño actual, y donde cada detalle arquitectónico narra la evolución de la ciudad. Más que un hotel, es una ventana al alma de Barcelona.

El hotel de los 1000 ojos

OHLA BARCELONA

El hotel de los 1000 ojos

Situado en la histórica Via Laietana, Ohla Barcelona se erige sobre un edificio con una fuerte carga patrimonial. A principios del siglo XX albergó la Casa Vilardell, uno de los primeros grandes almacenes de lujo de la ciudad. Su ubicación, entre la Catedral y el Palau de la Música, lo convirtió pronto en un lugar estratégico para la vida comercial de la ciudad.

Décadas más tarde, el edificio fue transformado en un hotel de cinco estrellas. La reforma, llevada a cabo con sensibilidad artística, incorporó en su fachada más de 1.000 ojos cerámicos creados por el artista Frederic Amat, convirtiéndola en un símbolo urbano. Esta intervención fusiona herencia y vanguardia, dotando al edificio de una identidad artística única. Hoy, Ohla Barcelona es un referente del lujo contemporáneo, sin olvidar nunca su raíz histórica.

Fachada Ohla Barcelona
ARQUITECTO
Daniel Isern

El proyecto, desarrollado por Daniel Isern en su etapa en el estudio ABAA, nace del compromiso del arquitecto con el edificio y la propuesta que representa. Cada elemento, cada rincón, cada pieza de mobiliario, podría contar su propia historia. La más significativa es la que lo dio a conocer en la ciudad como “el hotel con ojos” por la intervención del artista Frederic Amat en sus fachadas: un millar de alfileres coronados por pupilas que observan la ciudad. Pero el hotel es mucho más que una intervención artística...

“Manteniendo un diálogo con una obra de arte tan significativa, todo el edificio es un equilibrio silencioso entre la luz y la sombra. Cada habitación consigue la mejor vista que puede ofrecerle una ubicación tan especial. Mientras, el resto de espacios, desde la terraza hasta los restaurantes a pie de calle, han sido diseñados como si de un ejercicio de escenografía se tratase, en el que los materiales nobles y la exquisita iluminación se unifican y hacen que el tránsito entre ellos sea natural y fluido”.

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